|
A las 6 de la mañana del martes 14 de Abril de 1931 en Eibar, Guipúzcoa, los concejales electos son los primeros españoles en proclamar la República. Poco después Madrid iza su primera bandera republicana en Correos y a las seis y media de la tarde el Gobierno provisional republicano encabezado por Alcalá Zamora y rodeados de una ingente masa popular llega al Ministerio de Gobernación. La II República había nacido.
Con la República no solo llega el triunfo, largamente perseguido, de la voluntad popular, sino que también la oportunidad y el derecho, tanto tiempo secuestrado, de hacer y participar de la política, pero de la política con letras mayúsculas.
Pero el ejercito monárquico y franquista, los grandes consorcios industriales, la banca, los latifundistas de toda España y, como no, la Iglesia Católica acabaron con el sueño de todo un pueblo de manera sangrienta.
Después vinieron cuarenta años de represión, de venganza, de hambre e incultura. Cuarenta años de nacional-catolicismo, de sindicato vertical, del Auxilio Social y de Sección Femenina. Fueron los cuarenta años del No-Do, del patriotismo a hostias, de folclore trasnochado, del Opus y del Tribunal de Orden Público. En fin cuarenta años de dictadura fascista.
Y cuando el dictador murió de viejo llega la transición. Y aquí hay que desmentir ese mantra que corre de boca en boca y que dice que en la transición todo fue calma y sosiego, vil falacia. En un solo año se produjeron catorce mil huelgas y se celebraron miles de asambleas y manifestaciones convocadas por sindicatos, organizaciones vecinales, estudiantiles, feministas, es decir por toda la sociedad.
Además fueron asesinados, a manos de sicarios fascistas un alto número de sindicalistas, comunistas, anarquistas y militantes de izquierdas en general. Fueron asesinados en las calles, en despachos de abogados, en las cárceles y en las comisarías. Y por si fuera poco, los medios no paraban de repetir aquello del "ruido de sables en los cuarteles".
En ese clima de violencia e intimidación se votó la Constitución que, dicen, legitima a la Monarquía. Constitución elaborada por una mayoría de representantes de la derecha y la extrema derecha y por dos diputados del PSOE y del PCE que habían abandonado sus reivindicaciones republicanas. Por eso el plebiscito en que se votó la Constitución y, por ende la monarquía, carece de legitimidad puesto que se convocó bajo unas circunstancias de coacción y violencia.
De aquella transición, de esta monarquía, de esta Constitución emana el dibujo actual de esta democracia. Con una corrupción política generalizada, con una justicia muy conservadora y politizada hasta el extremo, con una crisis financiera que pagamos los trabajadores con la perdida de derechos laborales y merma de pensiones, con una Iglesia Católica crecida y cada vez más intervensionista. Da miedo la situación de la democracia en España.
Por eso queremos la tercera República, no sólo por elegir al jefe del estado, se trata de construir una "República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia" como pretendió serlo España en 1931.
Hay que exigir justicia para las victimas de la dictadura y acabar con la impunidad, pero sobre todo hay que construir una democracia digna de tal nombre, donde el voto de todos valga lo mismo, donde hombres y mujeres sean iguales y puedan desarrollarse en libertad y donde no de miedo ni vergüenza leer la prensa por las mañanas.
¡VIVA LA REPÚBLICA! |